Bajo un manto de nubes oscuras, se realizaron las honras funebres de las y los coterraneos escazuceños que perdieron la vida por el desprendimiento del Cerro Pico Blanco. Miles de vecinos acudieron a darle el adios al amigo, al conocido, al hijo o esposo de alguien; en este pueblo con aires de ciudad cosmopolita, todos nos conocemos.
Al otro lado de la calle, cientos de voluntarios se mesclaban con la finalidad de colaborar en el acopio de viveres, ropa y articulos de aseo, sin importar la lluvia inclemente, niñas y niños, jovenes y viejos, se entremesclaban; habia que recoger la bolsa de donacion, descargar el camion de comestible, recoger la bolsita de macarrones, descargar los cuatro camiones de pichingas de agua que una empresa de gaseosas dono, el camion de colchonetas y asi una a una todas las miles de donaciones que llegaban al centro de acopio de la Escuela Social Juan XXIII.
El escenario era de admirarse, los jovenes Scout se entrelazaban formando cadenas con el niño, con la señorita o el joven, la finalidad descargar lo mas rapidamente un camion de dos o tres toneladas que traia la donacion de algun supermercado, la donacion de algun grupo de vecinos, las fuerzas se agotaban, pero el trabajo no se paro.
Las donaciones provenian de los mas variados sectores; supermercados, empresas de publicidad, grupos de atletas, americanos escazuceños, de los turistas colombinos que estaban de paso, de la mexicana que radica en Costa Rica hace ya varios años, del campesino, del taxista infomal, del agricultor, del empresario, del comerciante, no hubo distincion de color credo o raza, en esta tarea, todos pobres o ricos se acercaron a donar
Estamos claros de que la emergencia no es solo en Escazu, muchos pueblos han sufrido, pero la cantidad de victimas en este canton es grande, quizas por eso tanto se escribe, se comenta y se comentara.
Nuevamente, el costarricense se solidariza con su pueblo, es su dolor, es su hermano, es su familiar, Dios nos traiga paz y descanso eterno a los seres que perdieron la vida